Las 7 claves del traductor negociador

Una de las cosas más complicadas para un traductor novel es aprender a afrontar un proceso de negociación. Los traductores nos podríamos pasar horas y horas hablando de tarifas, discutiendo sobre qué cantidades son mejores y cuáles peores, criticando a aquellos que rebajan sus tarifas hasta alcanzar el punto de dejar el caché de la profesión por los suelos, debatiendo sobre si cobrar por palabras, por horas, o por suspiros (por decir algo…). Pero pocas veces hablamos del “arte“ de negociar.

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Sí, porque negociar es un arte. Y, como todo arte, es algo que se aprende a base de practicar, a base de equivocarse y a base de aprender de nuestros errores. Recordad que todos tenemos derecho a trabajar dignamente y que es nuestra misión conseguir dignificar nuestra profesión y nuestra situación profesional. Es por eso por lo que he pensado que podía ser interesante recoger en una entrada algunos puntos clave que nos permitan salir ganando en nuestros procesos de negociación. He aquí las 7 claves del traductor negociador:

  1. Conoce tu mercado: es fundamental conocer el mercado de nuestra profesión antes de empezar a desenvolvernos en él. Por eso siempre es recomendable hablar con otros compañeros, pedir consejo a gente con más experiencia, ver cómo funcionan las empresas y agencias de nuestro sector o apuntarnos a asociaciones que puedan facilitarnos una información fidedigna sobre nuestro gremio.
  2. money_256Establece tus tarifas: una vez seamos un poco más conscientes de lo que nos rodea, podemos dar el siguiente paso y empezar a valorar nuestras tarifas con relación a las horas de trabajo y a la calidad de nuestros encargos. Es importante encontrar un equilibrio entre horas de trabajo y la calidad del mismo, para que así no tengamos la sensación de que nuestra tarifa es demasiado baja (lo cual nos frustraría a nosotros y afectaría a la calidad de nuestro trabajo) o de que es demasiado alta (lo cual frustraría al cliente final que podría no ver una clara relación entre la calidad del trabajo y el precio final). Pero, eso sí, es muy importante que, una vez hayamos fijado nuestras tarifas, seamos fieles a ellas y que, aunque en muchas ocasiones nos las intentan echar por tierra, sepamos defenderlas a capa y espada.
  3. Analiza a tus clientes actuales y potenciales: cada cliente es un mundo y tiene manera de funcionar diferente. Hay clientes que intentan imponerte su tarifa desde el principio y hay otros que te piden presupuesto sin ofrecer ningún tipo de estimación. Tenemos que saber anticiparnos a ellos siempre que sea posible para poder llevar ventaja en el proceso de negociación y también tenemos que ser capaces de educarles, de hacerles ver que tenemos unas tarifas y que aceptaremos los encargos solo si se ajustan a nuestras condiciones y no tanto a las suyas.
  4. Aprende a leer entre líneas: hay que desarrollar un sexto sentido especial que nos permita entender cuándo podemos elevar nuestra tarifa y cuándo no. Siempre hay encargos que suponen un trabajo adicional (por motivos de formato, tiempo, tipo de documento, exigencias/condiciones del cliente, etc.). Nuestro cliente siempre va a intentar quedarse con la mejor tarifa, por lo que muchas veces puede intentar jugar al engaño o al despiste para salir ganando (en el peor de los casos). Otras veces, si el cliente es de los buenos, directamente aceptará nuestras condiciones sin rechistar, pero siempre hay que estar preparado para lo peor y saber leer entre líneas para anticiparnos a todo.
  5. Aprende a decir las cosas con sutileza: os recomiendo que no utilicéis nunca un tono demasiado agresivo o imperativos (“envíame el documento”, “hazme esto o lo otro”, “págame ya”…).  Tampoco es bueno utilizar negaciones rotundas sin argumentos. Lo mejor es que todo siempre esté argumentado con respecto a algo (fórmulas como “no puedo aceptar esto porque…”, “me gustaría que comprendiérais mi posición porque…”, “vuestra tarifa no me parece adecuada porque…” pueden sernos de mucha ayuda). Las negaciones rotundas cerrarían de golpe la negociación y muchas veces no es eso lo que nos interesa, sino más bien intentar convencer al cliente de nuestra posición para salir ganando.
  6. no-1Marca tus límites y aprende a decir NO: por supuesto, si intentas abrir un proceso de negociación y aun así el cliente se empeña en imponerte sus condiciones cuando no te interesan o no te parecen dignas, entonces hay que saber rechazar el trabajo, aún sabiendo que nos arriesgamos a perder dinero. Tenemos que ser conscientes de que tenemos el 50% de poder en el proceso de negociación, y que por mucho que el cliente quiera imponerse éste no se saldrá con la suya hasta que nosotros no digamos que sí. El “NO” debe ser nuestra herramienta para hacerle ver al cliente que las condiciones que nos está ofreciendo no son adecuadas/no nos interesan, de forma que en un futuro, si quiere contactar con nosotros de nuevo, sepa dónde están nuestros límites y a qué debe atenerse. En cualquier caso, considero que puede ser interesante intentar abrir un diálogo antes de llegar al “NO” final, pues así aunque al final no se consiga el objetivo, por lo menos al cliente le quedará claro cuáles son nuestras condiciones y nuestros motivos.
  7. Aprende a jugar con el tempo: casi todos los procesos de negociación suelen ser muy parecidos. Lo normal es que el cliente sea el iniciador y el que nos plantee el encargo. En muchas ocasiones intentará imponernos su tarifa. En el caso de que ésta no nos interese, tenemos que ser capaces de darle la vuelta a la tortilla, y para eso necesitaremos un plan de actuación. Tenemos que aprender a jugar nuestras bazas y no hacerlo todo de una sola vez, sino tener siempre argumentos en la recámara para rebatir los que el cliente intente imponernos e ir poniéndolos sobre la mesa en el momento más adecuado.

Antes de terminar, quiero matizar (por si no ha quedado claro en el resto de la entrada) que no siempre será necesario iniciar un proceso de negociación. Lo normal es que directamente se acepten las condiciones si estas nos interesan o están dentro de un rango que consideremos aceptable. Lo de negociar lo reservaríamos únicamente para aquellos casos en los que las condiciones que nos ofrezcan no estén dentro de ese rango, de forma que podamos obtener unas condiciones que fueran más admisibles, o para cuando los clientes intenten imponernos sus tarifas o no quieran aceptar las que les estamos ofreciendo nosotros.

Antes de despedirme, aprovecho para recordaros que la semana que viene estaré en Madrid en #Traduemprende. Estoy deseando que llegue ya el fin de semana para poder conoceros en persona a algunos de vosotros y disfrutar de toda la jornada. Seguro que lo pasaremos bien.

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¡Hasta la próxima!

Traduciendo series de TV: una de grúas y otra de bebés

No os he dicho nada, pero este fin de semana está siendo muy especial para mí. Después de traducir la primera temporada completa de Barter Kings (Los Reyes del Trueque), he tenido la oportunidad de traducir capítulos sueltos de dos series que, menuda casualidad, los están retransmitiendo a la vez este fin de semana. La casualidad también ha querido que esta vez las dos series fueran completamente opuestas en cuanto a los temas y al público al que se dirigían:

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  • La primera de ellas ha sido Embargo por sorpresa, South Beach, (en inglés, South Beach Tow), serie producida por Jennifer López. Actualmente, se emite en Energy los sábados y domingos a partir de las 14:00 y cada capítulo tiene una duración de unos 20 minutos apróximadamente. Se trata de un docurreality que narra las diferentes situaciones que se producen en el seno de una empresa de grúas que se dedica a recoger coches mal aparcados por toda la zona de South Beach (Florida). Los trabajadores de la empresa tienen que lidiar cada día con los conductores de los vehículos denunciados, lo que acaba resultando en conflictos, peleas, insultos e injurias. Como os podréis imaginar, la mitad del guion son tacos y palabras malsonantes que, en muchas ocasiones, son censuradas mediante pitidos. Los personajes que intervienen suelen ser gente bastante conflictiva y barriobajera que que me han puesto realmente difícil la traducción de determinados pasajes (acentos, referencias culturales, insultos “creativos”, etc.).

  • La segunda de ellas ha sido Esperando a un bebé, (en inglés, The Baby Wait), que se emite en Divinity los domingos a partir de las 22:50. De esta serie solo he traducido por el momento un capítulo (aunque seguiré traduciendo algunos más próximamente), que se emitirá esta misma noche a las 23:40. Se trata de otro docurreality que cuenta las historias de jóvenes madres solteras que no están preparadas ni emocional ni económicamente para hacerse cargo de un bebé y de parejas y solteros que recurren a la adopción para formar sus propias familias. Cada capítulo de esta serie tiene una duración de 40 minutos. En comparación con la serie anterior, esta ha sido completamente opuesta en cuanto a los problemas de traducción y las situaciones que se iban dando. La nota predominante de esta serie han sido los momentos sentimentales y emotivos que giraban en torno al tema de la adopción/dación de cada bebé que venía en camino. En ocasiones, se hacían referencias a temas legales sobre la adopción en Estados Unidos, aunque sin entrar demasiado en materia (pese a todo, algunas referencias tenían su dificultad y me obligaron a documentarme bastante).

Como ya habréis podido concluir al leer las temáticas de cada serie, han sido experiencias completamente opuestas, que han puesto a prueba, por un lado, mi faceta más “sentimentaloide” (eché alguna lagrimilla con las adopciones y los bebés); y por otro, mi faceta más ofensiva (he aprendido nuevos insultos que espero no tener que decirle nunca a nadie, por su bien y por el mío, Risa).

Lo cierto es que, a pesar de que las series son más bien secundarias y tienen una audiencia muy limitada, estoy muy satisfecho con toda la experiencia y todavía me cuesta asimilar eso de encender la tele y escuchar a los personajes y actores de doblaje diciendo las mismas palabras que yo mismo he plasmado en el papel. La verdad es que, si hace un año alguien me hubiera dicho que a estas alturas iba a estar traduciendo series para TV, no hubiera podido evitar revolcarme de la risa ante la incredulidad que me hubiera producido un comentario como ese.

Pero, chicos, aunque no lo creáis, así es la vida, un día te levantas por la mañana, miras tu perfil de Linkedin, y descubres que tienes una nueva oportunidad delante de ti. Así fue como ocurrió todo, y ahora, al cabo de unos meses, sigo engordando mi currículum de series y documentales traducidos. Solo puedo esperar que en el futuro sigan llegando nuevas series que traducir (y, ¿por qué no?, las primeras películas) y poder seguir trabajando para nuevos estudios de doblaje (sigo trabajando en ello para hacerlo posible).

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Imagen de @PancracioPelaez

No quiero terminar la entrada de hoy sin rendirle un pequeño homenaje al gran Constantino Romero que, como muchos sabéis, ha fallecido hoy a los 65 años, dejando completamente mudos a grandes personajes del cine como Clint Eastwood, Arnold Schwarzenegger, Darth Vader y Roger Moore, entre otros. Será muy difícil cubrir el hueco que ha dejado. Ojalá que su muerte sirva de nuevo para que la gente vuelva a ser consciente de la importancia que tiene el doblaje en el cine, una disciplina que, muy a menudo, al igual que ocurre con la traducción, se queda en segundo plano. Os dejo a continuación una entrevista en la que comenta algunos de sus doblajes más conocidos:

Gracias por todo, señor oscuro.

DEP

¡Hasta la próxima!

Cómo quitar la referencia “via @wordpressdotcom” y poner vuestro usuario en el botón de Twitter

¡Hola, traductores!

Estos días me he dado una vuelta por la blogosfera para ver lo que se cuece y me he dado cuenta de que muchos blogs todavía tienen incorporada la incómoda referencia “via @wordpressdotcom” en los botones de Twitter de WordPress. Esto provoca que los usuarios de esta red social no vean el nombre de usuario del autor del blog lo que, en términos de visibilidad y repercusión, no es muy recomendable. Con esta configuración, a la hora de compartir esta entrada aparecería por defecto este mensaje:

Cómo quitar la referencia “via @wordpressdotcom” y poner vuestro nombre de usuario en vuestros botones de Twitter [enlace a la entrada] via @wordpressdotcom

Como algunos ya sabéis, hace apenas un par de días estrené nuevo nuevo diseño para el blog. Sin embargo, esto ha provocado que se desconfigurara por completo el plugin Publicize (incluido dentro del Jetpack), que es el que se utiliza para añadir la botonera para compartir entradas en las redes sociales. En principio este problema debería solucionarse vinculando de nuevo nuestras cuentas de redes sociales a los botones, dentro del menú ajustes, en la pestaña de “Compartir” (o “Sharing”, si tenéis el blog configurado en inglés). Sin embargo, según he podido leer en los foros de WordPress, Publicize es un plugin que tiene todavía algunos fallos y que no siempre funciona como debiera. Por tanto, es posible que, aun configurando la vinculación entre nuestras cuentas y WordPress, el plugin siga sin funcionar (que es justo lo que me ocurría a mí).

PublicizeBlog

La solución definitiva

Así que, después de haber investigado bastante, he podido dar con una solución. La idea es muy simple. Si no puedo utilizar el botón de Twitter de “Publicize”, ¿por qué no me creo yo el mío propio? A lo mejor os suena demasiado complicado, pero resulta que Publicize incluye una opción que nos permite añadir botones personalizados. No es demasiado complicado, aunque hay que saber insertar un código especial para el enlace de compartir.

Así que, aquí va mi solución. Para crear vuestro botón tenéis que dar los siguientes pasos:

1.- Accedéis dentro de vuestro escritorio de WordPress al menú “Ajustes” (en inglés, “Settings”), y accedéis a la pestaña “Compartir” (“Sharing”).

2.- Una vez dentro, tenéis que hacer clic en “Añadir un servicio nuevo” (en inglés “Add a new service”), que es un hipervínculo que está ubicado debajo de la botonera que aparece debajo de la tabla con los botones y servicios disponibles.

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3.- Cuando hagáis clic en esa opción, se os abrirá un cuadro de diálogo, en el que tendréis que rellenar tres campos: Nombre del servicio (“Service Name”), URL para compartir (“Sharing URL”) y URL del icono (“Icon URL”). Tendréis que introducir los siguientes datos:

  • Nombre del servicio (“Service Name”): En este campo escribiremos el texto que dará nombre al botón, y que aparecerá incrustado dentro de él. Yo, por ejemplo, le he puesto al mío el nombre siguiente: “Twitter”
  • URL para compartir (“Sharing URL”): Este es el campo más delicado y el más importante, pues necesitamos insertar una URL personalizada que es la que nos va a permitir añadir el nombre de usuario de manera automática a todas nuestras entradas. La URL que tenéis que insertar es la siguiente (atentos a los textos en negrita, porque tendréis que modificarlos con vuestros datos):

https://twitter.com/intent/tweet?original_referer=http%3A%2F%2Fmiweb.com%2F&source=tweetbutton&text=%post_title%&url=%post_url%&via=minombredeusuariotwitter

Por si acaso os liáis modificando la URL anterior, os dejo por aquí la que yo utilicé, que seguro que os lo aclara todavía más:

https://twitter.com/intent/tweet?original_referer=http%3A%2F%2Fjugandoatraducir.wordpress.com%2F&source=tweetbutton&text=%post_title%&url=%post_url%&via=STraductores

  • URL del icono (“Icon URL”): Aquí tendremos que insertar la ruta de la imagen que formará parte del botón a modo de icono. Se recomienda utilizar imágenes de un tamaño de 16x16px. Yo he diseñado mis propios iconos modificando varias imágenes originales de Twitter. Los pongo a vuestra disposición en los siguientes enlaces para que los podáis descargar:

Icono 1 | Icono 2

Por último, haremos clic en “Crear” (“Create”), y veremos que automáticamente aparecerá un botón nuevo dentro de la tabla de botones disponibles con el nombre y el icono elegidos durante todo el proceso anterior. Ahora, simplemente tendremos que arrastrarlo a los servicios/botones activados, y guardar la configuración.

Otras soluciones

La solución que os he comentado es para aquellos usuarios que tengan su blog alojado dentro del hosting por defecto de WordPress. Sin embargo, aquellos que tengan su blog alojado en su propio hosting podrán solucionar este problema muy fácilmente desactivando “Publicize” y utilizando un plugin diferente. Entre los más destacados para estos fines, yo destacaría Shareholic (cuya botonera es interactiva y muy atractiva visualmente) y Simple Share Buttons Adder (que permite crear tus propios botones personalizados).

¡Problema resuelto!

Y se acabó, ya podemos disfrutar de nuestro nuevo botón personalizado en todas las entradas nuevas que publiquemos. Por fin podremos olvidarnos de una vez por todas del ya conocido y odiado problema del “via @wordpressdotcom”.

Si por un casual os surgiera algún problema, no dudéis en escribirme. Estaré encantado de echaros un cable con el proceso, que para estamos.

¡No olvidéis compartir la entrada!

¡Hasta la próxima!

#Traduemprende: emprendimiento y nuevas perspectivas para los traductores más jovenes

Sé que algunos de vosotros ya lo sabéis pero, para aquellos que todavía no lo sepáis, quiero informaros de que el próximo 24 de mayo participaré en la I Jornada sobre Traducción y Emprendimiento (más conocida en la red como #Traduemprende), en la que hablaré sobre nuevas tecnologías, blogs, redes sociales y marketing 2.0 aplicados a la traducción.

Muro zen (#ZenWall) con todas las ideas para la charla.

Me hace una gran ilusión poder asistir al evento como ponente, motivo por el cual me gustaría mostrar desde aquí mi agradecimiento a Leon Hunter por haberme dado esta oportunidad. Al evento también acudirán otros traductores profesionales y empresarios del sector como Marta Stelmaszak, Valeria Aliperta o Luisa Calatayud, y podremos disfrutar de una mesa redonda en la que participarán los representantes de PLR Traducciones, Trágora Formación, Trágora Traducciones, AT Accurate Translations, Traducciones Yedra, Lema Traductores y KYO Traducciones.

Además, la organización está trabajando muy duro para ofrecer un programa social (Powwow) que cubra toda la tarde-noche del viernes, y que está previsto que incluya tertulia, cena y copas. Para aquellos que estéis interesados en saber más, podéis consultar toda la información sobre la jornada en la página web oficial, donde también podréis descargar el programa en PDF y seguir la retransmisión en streaming del evento (sobre esto habrá novedades en los próximos días). Aprovecho la ocasión para dejaros por aquí el cartel de la jornada, para aquellos que todavía no lo hayáis podido ver:

¿Os animáis a preguntar?

He pensado que, como los temas que voy a tratar son muy amplios y dan mucho juego, podría ser una buena idea utilizar el blog para que dejéis comentarios en los que planteéis algunas preguntas o sugerencias sobre los temas que os gustaría que tratara en la charla. De esa forma será más fácil para mí acertar con los temas y con el enfoque de la ponencia y podré proporcionaros allí la información que necesitéis. Así que no os cortéis y, por favor, ¡preguntad sin moderación!

Recordad, el evento será en Madrid el próximo 24 de mayo, y se celebrará en el salón de actos de la Residencia de Estudiantes del CSIC. ¡Nos vemos allí!

¡Hasta la próxima!

Jugando a traducir estrena nuevo diseño

Renovarse o morir. Estamos en un momento en el que el mundo de la web 2.0 va tan rápido que muchas veces se torna complicado seguir el ritmo. Uno no se puede relajar y tiene que estar al tanto de todo lo que se cuece para no quedarse atrás y sufrir las consecuencias de este rápido desarrollo.

Caucasian female hand painting red over a green wall.

Como muchos ya sabéis, un blog solo tiene sentido si se mantiene vivo, y para esto es necesario realizar cada cierto tiempo este tipo de cambios y modificaciones. Porque, no solo se trata de escribir y compartir, también se trata de crear una imagen y un estilo en términos de diseño que concuerde con los contenidos, para crear una armonía que el usuario pueda percibir al navegar por la página. Es por eso por lo que he querido darle un lavado de cara al blog e implementar una nueva plantilla (inspirada, por cierto, en el clásico tema de WordPress, TwentyTwelve) que sirva para poneros las cosas más sencillas a la hora de leer, compartir y participar dentro de él. La nueva versión es compatible con dispositivos móviles, por lo que podréis acceder en cualquier momento al blog desde vuestro teléfono inteligente. También estreno un sencillo logo para el blog, que es el que podéis ver en la cabecera. He querido utilizar la @ como símbolo porque para mí la @ representa muchos de los principios que intento transmitir en este blog: compartir, crear, intercambiar, colaborar y descubrir, entre otros.

Pero esta no es la única novedad. Resulta que he querido subirme al carro de las fanpages de Facebook, por lo que hoy también es el estreno de la página oficial de Facebook del blog (hasta ahora utilizaba la fanpage de mi antiguo proyecto de software para traductores) que, como no podía ser de otra manera, se llama “Jugando a traducir”. La dirección es bien sencilla (http://www.facebook.com/jugandoatraducir), por lo que espero que no tengáis problema para recordarla (y, de paso, seguirla Lengua fuera). Además, a lo largo de hoy estará disponible también el dominio .com del blog (¡por fin!), por lo que de ahora en adelante podréis acceder a él tecleando simplemente “jugandoatraducir.com“.  

Espero que este nuevo diseño os agrade y lo disfrutéis tanto como yo al crearlo y compartirlo con todos vosotros. Nos vemos en futuras entradas.

¡Hasta la próxima!

El lado oscuro de las redes sociales

Cuando hablamos de las redes sociales y de la blogosfera, en general siempre hablamos de que ayudan a conseguir contactos, reconocimiento, visibilidad, oportunidades, y un largo etcétera. Siempre que nos referimos a ellas, hablamos de lo que podemos conseguir, de lo que nos pueden aportar a modo de beneficio personal, hasta el punto de que a veces esto se convierte en una obsesión constante por conseguir cosas superfluas.

A mi modo de ver, esta obsesión por buscar el beneficio final muchas veces desemboca en que la gente pierda el rumbo de qué es realmente lo que le gusta hacer y cuáles son sus verdaderas motivaciones para tener un blog o para participar en las redes sociales y en las comunidades profesionales de nuestro sector. Se produce un vacío de significado y de valor que al final provoca que lo que hace el usuario deje de tener sentido y se desvíe del camino que, si fuera él mismo, seguiría de forma natural.

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Cuando el usuario únicamente busca el beneficio final, está anteponiendo objetivos superfluos y vacíos de significado que al final no tendrán ningún valor para él, ni tampoco para el resto de la comunidad a la que pertenece. Si la única motivación del usuario es conseguir 2.000 seguidores en Twitter, 10.000 visitas diarias a su blog o más de 500 contactos profesionales en Linkedin, el tiempo hará que ese vacío de significado que está originando se acabe volviendo en su contra en los diferentes sectores y comunidades en los que participe. Y es que, de nada te sirve tener ese número de seguidores o ese número de visitas, si al final no haces que tenga un sentido verdadero y auténtico en el mundo real.

En general, cualquier manual de redes sociales te aconsejará que utilices las redes sociales únicamente como un instrumento más, al igual que puedas utilizar el teléfono, el correo electrónico o tu web profesional. Pero nos olvidamos de que, cada vez que utilizamos cualquiera de los medios anteriores suele ser para realizar tareas muy concretas de nuestro trabajo (enviar un encargo, llamar a un cliente, que te llamen a ti, etc.) qué están motivadas por algo. Sin embargo, cuando escribimos un mensaje, subimos una foto o compartimos un vídeo en nuestras redes sociales, tenemos que ser conscientes de qué sentido tiene que compartamos eso con nuestra comunidad, qué valor aporta y si de verdad va en sintonía con lo que somos o lo que queremos aspirar a ser. Se trata de tener un plan, sí, pero no un plan cualquiera. Se trata de tener un plan que sea acorde a tu forma de ser, a tus propios intereses y a tus propios gustos. No podemos pretender caerle bien a todo el mundo siempre o darle a los usuarios lo que desean, pero ojo, eso no quita que no podamos pensar en ellos a la hora de compartir algo. Como en tantísimas otras cosas, se trata de encontrar un equilibrio.

La dudosa autenticidad del “yo virtual”

Id, ego y superego. ¿Os suena? Se trata de tres conceptos básicos de la teoría del psicoanálisis de Freud. Podemos aplicar una parte de su teoría a un fenómeno cada vez más común que suele darse en las redes. En la red prima mucho el ego individual, ya que tenemos vía libre para dar rienda suelta a nuestras inquietudes y a compartir cosas para beneficiarnos individualmente. Hasta ahí quizá todo va bien (en parte). El problema empieza cuando empezamos a utilizarlas para magnificarnos, para darnos más importancia o para querer ser algo que en realidad no somos.

Si tiramos otra vez de manual, éste nos dirá que las redes sociales son un espacio ideal para resaltar nuestras virtudes y disimular nuestros defectos. Llevado al extremo, esto directamente desemboca en que, en muchas ocasiones, el usuario se desprenda de todo lo malo y únicamente se dedique a hablar de todo lo bueno que le ocurre, ocultando su lado malo y haciendo hincapié en los aspectos más positivos. Y, en muchos casos, incluso a magnificar las cosas para intentar parecer más importante. El cuadro que podéis ver a continuación ilustra de una manera gráfica y sencilla esa separación entre “el yo virtual” y “y el yo real”:

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  • El “Yo real” es ése al que nuestro entorno conoce bien de manera presencial.
  • El “Yo virtual” es la imagen que creamos de nosotros mismos en la red.

Por lo general, a día de hoy, considero que lo ideal sería que ambos “egos” coincidieran en todos los aspectos posibles para evitar generar confusión en nuestro círculo real y en nuestro círculo virtual. Pero, por desgracia, en muchos casos ocurre que llega un punto en el que la separación entre el “yo virtual” y el “yo real” es tan grande que no coinciden, lo que hace que los círculos sociales no comprendan exactamente qué eres o en qué te estás convirtiendo. En otras palabras, es como si dicha persona fuera completamente diferente en la red de lo que es en realidad. Esto puede tener consecuencias muy diversas, como pérdida de credibilidad, que la gente no te tome en serio o que toda tu estrategia de marketing se vaya al garete

“No vendas humo, crea significado. Sé tú mismo.”

Por eso considero que es esencial que utilicemos las redes sociales para mostrarnos tal y como somos, bien a nivel personal, bien a nivel profesional. En muchos casos no será necesario establecer ningún tipo de separación entre un aspecto y el otro, y en otros sí (depende de tu estrategia). La verdadera esencia está en saber mostrarnos tal y como somos en ellas, en que simplemente sean un canal a través del cual compartamos nuestras virtudes y nuestros defectos, y no un colador a través del cual solo pase lo bueno. Somos humanos, y no podemos olvidarnos de que, muchas veces, las virtudes que tenemos radican en nuestros propios defectos que son los que, al final, nos hacen únicos.

¿Os atrevéis?

¡Hasta la próxima!

Los errores del traductor

Mafalda-Equivocarse

Errar es humano, es una de las máximas del hombre. Nos pasamos la vida equivocándonos, porque equivocarse es una de las vías del aprendizaje, una de las vías de la experiencia, y una de las vías, a fin de cuentas, del éxito:

“Quien piensa a lo grande tiene que equivocarse a lo grande”

Martin Heidegger

La equivocación también forma parte del trabajo del traductor, de su rutina y de su día a día. El traductor lidia cada día con ella intentando minimizarla al máximo, radicando el éxito no tanto en conseguir un 100% de acierto, sino una cifra lo más cercana al 0% en el número de errores. Parece lo mismo pero, a la hora de la verdad, hay una diferencia fundamental en el enfoque inicial que cambia todo el planteamiento. Y es en ese planteamiento en donde radica la esencia matemática de nuestra profesión (resolución de problemas, ya sabéis…).

Pero dejando a un lado estos fríos porcentajes, la verdadera virtud del traductor para minimizar sus errores no está tanto en la obsesión de buscar no equivocarse (“ay, señor, señor, que me quede como estoy…”), sino en su espíritu de trabajo, en su capacidad de minimizar daños y disminuir los riesgos, y en el orgullo y la voluntad propia de saber reconocer sus errores, entenderlos y asimilarlos, para posteriormente corregirlos y seguir mejorando en su devenir como profesional. He ahí la esencia de la experiencia. Porque, como decía una de mis profesoras de interpretación, “cuando cometes un error, tienes que ser capaz de tirar de la cisterna” (o, si no os gusta esa expresión, “de pasar página”).

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El error del traductor perdura en la eternidad. Menudo drama, ¿no? Dicho así, a cualquiera se le haría un nudo en el estómago cada vez que tuviera que tomar una decisión comprometida a la hora de resolver un problema de traducción complejo. Si a eso le añadimos otros factores como el tiempo o las restricciones propias de cada especialidad (no es lo mismo traducir un guión que un manual de instrucciones), entonces el nivel de presión puede ascender hasta alcanzar cotas en las que no podríamos ni respirar ni tener el suficiente oxígeno para pensar y reflexionar con tranquilidad sobre el problema en cuestión.

El gran traductor tiene que equivocarse a lo grande. Tiene que haberse equivocado mucho. Y tiene que ser capaz de salir a la palestra y decir, «sí, me he equivocado», y reconocer su error. Y, acto seguido, decir: «Y por eso ahora soy mejor traductor que antes». Como hace poco dijo Pablo Muñoz en su blog, si la has cagado, reconócelo. Reconocer un error es siempre el primer paso hacia la experiencia, el aprendizaje y el conocimiento.

Me resulta curioso el orgullo inherente que, en general, tenemos muchos traductores. Cada vez que nos marcan una coma, nos quitan una palabra o nos ponen algo en color rojo (por citar algunos ejemplos), no podemos evitar sentir un puñal clavándose en nuestra espalda. El amor individual hacia nuestras propias palabras, hacia nuestra particular forma de expresarnos, muchas veces nos ciega y nos impide saber encajar una crítica o reconocer un error, independientemente de si éste es más evidente o no. Y esto es algo que seguro que a todos nos ha pasado en algún momento.

En el caso de los traductores audiovisuales, el error perdura en la eternidad en la gran pantalla y en la pequeña. Y, si además, el error forma parte de una línea de subtítulos, entonces el drama es todavía mayor, ya que queda la presencia física del error, lo que hace que el dolor sea doble en muchos casos. Yo, como no podía ser de otra manera, ya he sufrido en mis propias carnes ver cómo un error propio perdura en la pequeña pantalla para siempre, y os aseguro que es una de las sensaciones más dolorosas que hay para un traductor. Ese orgullo inherente cae abatido de forma repentina, y nos deja con una sensación de desnudez e indefensión irreparable a corto plazo.

Es por eso por lo que, últimamente, estoy optando por deshacerme de ese orgullo o, por lo menos, de la parte mala de ese orgullo. Lo cierto es que muchas veces está bien tener algo de amor propio para saber defender una decisión concreta que sientes que es correcta, o que has tomado de manera premeditada aun entendiendo los riesgos. Otra cosa muy distinta es cuando la parte mala de nuestro orgullo se pone en nuestra contra, nos ciega y nos hace defender un error que ya es más que evidente:

“De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error”.

Cicerón

Otras veces, y esto es algo que ocurre mucho, a los traductores se nos suelen atribuir errores que, en realidad, no hemos cometido nosotros. Y ese es otro de los puntos negativos de nuestra profesión. Nuestra credibilidad y conocimiento no siempre se respetan. Son muchos los lectores que todavía culpan a los traductores cuando un libro o una película tiene una expresión malsonante o extraña para sus oídos. En su ignorancia queda conocer todo el proceso que hay desde que una traducción sale de las manos del traductor y llega a los actores de doblaje (en el caso de los guiones), o se incrusta en el vídeo final (en el caso de los subtítulos).

Uno de mis errores más gordos:

Como ya os he comentado, mi expediente de gazapos ya ha empezado a crecer y, con ello, mi experiencia también. Supongo que lo ideal sería encontrar un equilibrio entre el número de errores y la experiencia acumulable. Si pudiéramos separar estos elementos y ponerlos en una báscula, siempre que la experiencia esté por encima del error o en equilibrio con él, creo que el balance podría considerarse positivo.

Un error que me gusta contar mucho últimamente, es el que cometí al traducir una característica especial de un personaje de “Barter Kings” (Los Reyes del Trueque). El personaje, en su versión original, decía que no tenía “fingertips”, y yo lo traduje como que le faltaban las “yemas de los dedos”. Pero, poco después, salió a relucir la verdad. Este personaje no es que no tuviera las yemas de los dedos, sino que le habían amputado la última falange de cada dedo de su mano izquierda porque sufrió un accidente:

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Todavía me pregunto cómo diablos se me pudo escapar. Pero la cruda realidad es dura y cruel. Cuando vas contrarreloj y tienes que entregar sin falta un capítulo, muchas veces no te da tiempo de tomarte el tiempo suficiente para solucionar un problema, y das por hecho ciertos detalles que, al final, son los que te llevan a cometer el error.

Esta experiencia, junto con otras, me han enseñado a no apartar la vista de la pantalla y a no perderme ninguna escena a la vez que voy traduciendo. Antes me despistaba más. Y, aunque este error está ahí presente (y lo seguirá estando para los restos de la eternidad), creo que me ha ayudado a mejorar y a seguir creciendo. Y tener ese error en mi recuerdo como símbolo de un error gordo que ya cometí, también me hace esforzarme todavía más para intentar evitar repetir una metedura de pata tan grande como esa.

Y es que, como ya he dicho antes, los errores grandes permiten hacerte grande ante la adversidad. Y, como “solucionadores” de problemas que somos, muchas veces ése tiene que ser el mayor de nuestros consuelos y, al mismo tiempo, una de nuestras principales motivaciones. Seguro que en el futuro, gracias a todo eso, llegarán grandes aciertos que servirán para endulzar el amargo sabor de boca que se nos pudiera quedar con un error del pasado.

Así que, desde aquí, os animo a equivocaros mucho (sobre todo si todavía estáis formándoos), y a que aprendáis de todo ello. Así es como llegaréis, de verdad, a ser grandes.